¿Somos judaizantes?

En el primer año, y posiblemente el segundo, nuestros estudios mesiánicos tenían más un trasfondo ortodoxo, y fuimos indirectamente absorbidos por mucho de lo que es atractivo dentro del judaísmo tradicional, y hasta nos considerábamos, aunque no tan en serio, judíos mesiánicos ortodoxos.

Yo comencé mi inmersión en el mundo de la literatura judía tradicional. Devoré escritos de diversos rabinos. Obtuve videos de prominentes rabinos ortodoxos, y sus mp3s llenaban mi computadora. Aún tengo mucho de esto en mis archivos. Eso sí, sola fide nomos; es decir, solamente la Torá. Hice algunos recorridos por el Talmud, pero solamente para reforzar algunos puntos con las opiniones de rabinos. Los primeros estudios que compartí, contenían mucho del Midrash, y algunos párrafos del Talmud y no faltaban uno que otro comentario clásico judío de la Biblia.

Recuerdo cómo mi corazón ardía dentro de mí cuando yo escuché a un rabino mesiánico por primera vez, y cómo este rabino expuso la Torá. De allí en adelante, en todos los foros en los que participaba sentía como mis ansias por saber más se acrecentaban. Mas necesidad, mas hambre.

Finalmente pude salir de esa fascinación de los primeros años con lo judío «tradicional». Emergí de aquello sintiendo un gran celo por la Torá y por el Mesías. En nuestros primeros programas de radio, dábamos leña a diestra y siniestra, con una pasión para traer la Torá a mis hermanos y hermanas en Cristo. Fue debido a nuestra enseñanza que recibimos el dudoso honor de ser llamados «judaizantes».

¿Qué es ser un judaizante o quién es un judaizante?

Procuramos aquí ofrecer, como ha sido utilizado este concepto, y claro, proveniente de los así llamados «Padres de la Iglesia« y los reformadores, lo que se ha vuelto parte de un credo antijudío que se ha perpetuado en el seno de la iglesia. Han definido el término muy caprichosamente.

Tomando el enfoque y definición de la Escritura, nosotros no somos judaizantes. Pero de acuerdo con esa definición antojadiza, en ese sentido, si creo ser un «judaizante». Eso no significa que ni yo, ni tantos hermanos que han abrazado las enseñanzas bíblicas en su totalidad, y que incluye la Torá, queremos hacer proselitismo para el judaísmo, ni tampoco significa que estamos tratando de hacer judíos a los cristianos. Significa simplemente que estoy, y estamos, alentando a todo creyente cristiano a volver a lo que entiendo que fue la forma original del cristianismo que se conoce hoy día. Estoy enseñando, y enseñamos, a los cristianos que las leyes de Dios se les aplican a ellos, de una manera u otra.

La definición clásica de la iglesia de «judaizar» es de alguien que obliga a los cristianos a adoptar prácticas judías, como la observancia de Shabat y las fiestas bíblicas, y la abstención de las comidas prohibidas por el Eterno, entre otras. Según esa definición de la palabra, nos declaramos culpables: somos judaizantes.

Tenga en cuenta que el término bíblico «judaizar» es diferente. En la Biblia, un judaizante es alguien que enseña que un gentil debe convertirse al judaísmo a través del rito de la circuncisión para ser salvo (Hechos 15:1, 5). Cuando Pedro se apartaba de los creyentes gentiles en Antioquía, lo hacía bajo la presión de los creyentes judíos de Jerusalén que creían que los gentiles no eran dignos de compartir la mesa o comer con los judíos; mucho menos la salvación, a menos que se convirtieran al judaísmo. Pablo miró esto como una herejía y acusó a Pedro de ser un judaizante. Pablo escribió su epístola a los Gálatas para refutar a los creyentes judaizantes que estaban operando encubiertamente dentro de la congregación de Galacia.

Preste atención a estas dos formas de definir el termino:

Definición convencional de un judaizante (como la iglesia lo aplica): Alguien que incita a los cristianos a adoptar prácticas judías, como la observancia de Shabat, las fiestas bíblicas y las reglas alimenticias, como las describe la Biblia, entre otros.

Definición bíblica de un judaizante: Alguien que quiere obligar a los no judíos a experimentar la conversión ritual al judaísmo para poder optar por la salvación, o sea, hacer méritos para obtenerla, por lo que se les consideraba como prosélitos judíos.

Según la definición bíblica, ninguno de los que hemos aceptado obedecer lo que Dios dijo somos judaizantes. Yo personalmente no creo, ni enseño, que se deba convencer a los creyentes no judíos a que experimenten una conversión ritual para que sean considerados como prosélitos judíos.

Yo creo, y todos aquí en Beit Meshobeb creemos lo que dice Pablo a los efesios:

“Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

No creemos en guardar la ley para ser salvos. Creemos en guardarla u obedecerla porque ya somos salvos. No obstante, para los que sostienen la definición convencional que sigue la iglesia, esa creencia nos hace, según esa definición, judaizantes. Pero según el uso bíblico no lo somos.

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